martes, 22 de noviembre de 2016

Un segundo

Ámame mi amor,
riégame de pétalos y lavanda,
y llévame prendido de tu sonrisa
como el viento arrastra la cometa.
Ámame, amor,
como si mañana partiera
en un viaje sin retorno,
como si mi vida acabara
cada vez que cierro los ojos.
Ámame como si fuera bueno,
como si mis besos te saciaran
y mis manos deshicieran tus lamentos.
Ámame, amor,
hasta que me pierda en cada noche
de toda huella y todo ruido,
hasta que se me olvide hasta mi nombre.
Ámame mi amor,
que no quiero ser
más que besos, caricias y abrazos
hasta que el viento me arrastre
y, como la nube,
me deshaga en tus brazos.

viernes, 28 de octubre de 2016

Amiga

Me voy quedando solo
con el paso de tantos años,
con el paso de tantos daños.
Siempre me amaste,
en los años de inocencia ya te había reconocido
por el pálido rostro,
las manos desnudas
y el aliento helado
que mis venas helaba.
A ti me has abocado,
terca usurera de mis horas,
a ti me he condenado.
Que el aire se hace mi entraña,
que la sombra se vierte en mi sangre,
que la memoria se estanca en mi pecho.
Cuanto más lejos, menos camino recorro.
He vuelto a los mismos pasillos,
estancias, jardines y patios.
Cuánto más te huyo, más te hallo,
cuánto más te grito, más me callo.

El suelo

El suelo es duro bajo los pies.
No tardes en recorrer la arboleda,
en la senda tranquila de tardes marchitas.
No mires atrás que ya es tarde.
¿Qué sueños persigues ahora
rebuscando en viejos cajones
henchidos de vaho?.
No puedo seguir en este instante,
antes debo expirar mis pecados.
Observa atento el sol tras los chopos,
la ladera cubierta de musgo
y los cerros.
Si pudiera respirar de nuevo
aquel aroma del otoño,
sentir los brazos de la brisa
helándome los huesos.
Con un solo soplo de aquellos días
bebería feliz los últimos tragos de un golpe.
Que se me va el alma, que me duele esta mañana
penosa y triste como un duelo.
Levanta, que no puedes cerrar el tiempo.
Un día podrás ser alguien nuevo,
que cuando llegue no te halle muerto. 

La partida

Me siento bañado de toda tu belleza
que salpica mi cuarto cuando me amas
y parece como si el sol se derramara,
tras la tormenta, en mil perlas doradas.
Hasta mí llegan tus palabras colgadas de un hilo,
en diminutas gotas de nácar
que se sacuden traviesas y alegres
entre mis dedos como destellos de luna.
Me hablas de hermosos jardines
plantados de racimos violetas y aromas marinos,
me hablas de arenas doradas y crepúsculos de fuego
como hogueras de almas prendidas del cielo.
Me nombras una isla diminuta
en medio de un océano de silencio,
bañada por mares de esmeraldas
y de frutas prohibidas sembrada.
Partiré entonces, antes que llegue el invierno,
con mi alforja de flores y fresas henchida,
los ojos limpios bañados en cristales,
dejaré los caminos regados de sueños,
partiré allá, donde me guíen tus señales.

Espejos

Hay un espejo en mi cuarto,
el sol de las tardes dibuja
guirnaldas de colores en el suelo.
A veces contemplo reflejarse mi rostro
y no estoy seguro de saber a quién veo.
Parece que visitara un horizonte distante
donde la noche cautiva dos negras lunas,
negras como pozos sombríos.
Llegan hasta mí todos los lamentos
por todos los niños que han ido muriendo.
Hay un espejo en mi alma
a salvo de las lluvias del invierno
y adonde acude la aurora a escondidas
a bañarse de agua y de flores.
A veces me asomo a sus aguas tranquilas
y no dejo de asombrarme de todo lo que veo.
Parece que contemplara mi misma sonrisa
regando de lirios todos los senderos.
Y escucho atónito todos los cantos
que brotan y crecen de tu corazón sereno. 
Hay dos espejos amándose,
dos jazmines ebrios
que se reflejan, sorprendidos
de un amor que creían muerto.

jueves, 27 de octubre de 2016

Llévame

Quiero perderme para siempre entre tus brazos,
entre promesas de mañanas de primavera
radiantes como la mirada de un niño.
Quiero que me arranques de las entrañas
las hierbas podridas que se enredan
en mi alma como telas de araña.
Quiero que me rescates de esta soledad,
fría como una lápida,
triste como todo olvido.
Ven, mi amada, vestida de fiesta,
de lavanda y jazmines perfumada,
dime todas las palabras bellas que inventas
en todas las tardes de primavera.
Ven y dame el calor con tu mirada
que me quite este hielo clavado en lo más vivo.
Ven con besos de fresa y de agua,
secretos tesoros de citas inventadas,
silencios eternos donde duerma mi alma.
Amor, milagro, pradera de lirios,
estanque tranquilo y hoguera de casa,
llévate lejos mis historias blanquecinas
regadas de veneno y de ortigas sembradas.
Quiero olvidarme de todo en tus brazos,
de lo que he sido y de lo que no pude,
de todo lo que he olvidado para no sangrar sin respiro.
Ven, amada, amor, enamorada,
aurora frágil, lirio y agua temprana.
Llévame atado a tus brazos y en tu mirada,
hasta morirme de gozo entre tus brasas.

Hacia ti

Puedo sentir cada latido como un estallido,
puedo pensar que soy y sentir que pienso.
Estoy vivo, vivo y ardiendo como lava
que en río de brasas se apaga en tu playa.
Ya nada tiene sentido si no pienso que existes
pura y viva y enorme como un espacio infinito.
Albergue para el viajero,
fuente para el cultivo,
acudo a tus brazos como un náufrago
en busca de un rincón seguro.
Átame a tus pasos tranquilos,
alójame en el seno de tu casa,
como se acoge al peregrino.
Perdóname mis miedos y
perdona todos mis silencios,
repletos de mí mismo.
Ciérrame las heridas con el roce de tus dedos,
enséñame las estrellas, las noches claras,
el brillo de un reflejo en el campo de tu cabello.
Llévame a través de inviernos fríos
como témpanos de hielo
a esa hoguera que brota de tus ojos sedientos.
Dame el vaso, déjame beber el licor
dulce de tus besos, quiero
dormirme en tus brazos,
dormirme saciado y ebrio.

Mi alma

Mi alma, mi voz callada, secreta que me escucha y me conmueve y me desvela mis cicatrices de primaveras erradas. Mi niña, mi creciente p...