viernes, 28 de octubre de 2016

La partida

Me siento bañado de toda tu belleza
que salpica mi cuarto cuando me amas
y parece como si el sol se derramara,
tras la tormenta, en mil perlas doradas.
Hasta mí llegan tus palabras colgadas de un hilo,
en diminutas gotas de nácar
que se sacuden traviesas y alegres
entre mis dedos como destellos de luna.
Me hablas de hermosos jardines
plantados de racimos violetas y aromas marinos,
me hablas de arenas doradas y crepúsculos de fuego
como hogueras de almas prendidas del cielo.
Me nombras una isla diminuta
en medio de un océano de silencio,
bañada por mares de esmeraldas
y de frutas prohibidas sembrada.
Partiré entonces, antes que llegue el invierno,
con mi alforja de flores y fresas henchida,
los ojos limpios bañados en cristales,
dejaré los caminos regados de sueños,
partiré allá, donde me guíen tus señales.

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