Brisa de sal, sol blanquecino, gaviotas.
Estoy sentado al borde de las rocas,
sobre el mar.
Ante mí se extiende la luz azulada rizada en blancas manos
de espuma y de aire.
Estoy solo.
Me enfrento a un horizonte borrado,
a un paisaje tan puro que ni mis sombras lo empañan.
Mi alma se extiende como el mar, se acuesta y descansa
mecida por el vaivén de susurros, murmullos y caricias del tiempo.
Mis manos mecen el aire. Me vuelo con el ave blanca
que se achica a lo lejos en su danza concéntrica.
Este es mi paraíso secreto.
La casa de nubes y cielo.
Hace mucho tiempo, huimos juntos para rodearnos de besos.
El cielo y tus ojos ardían de deseos.
Pero ahora el paisaje me sonríe a mí solo.
El manto de hierba busca solo mis huellas.
La calma, el reposo del tiempo, me llama sin estorbos.
Esta es mi casa, mi Arcadia, mi destino secreto.
Estoy sentado al borde de las rocas,
sobre el mar de mis recuerdos.
Estoy sentado al borde de las rocas,
sobre el mar.
Ante mí se extiende la luz azulada rizada en blancas manos
de espuma y de aire.
Estoy solo.
Me enfrento a un horizonte borrado,
a un paisaje tan puro que ni mis sombras lo empañan.
Mi alma se extiende como el mar, se acuesta y descansa
mecida por el vaivén de susurros, murmullos y caricias del tiempo.
Mis manos mecen el aire. Me vuelo con el ave blanca
que se achica a lo lejos en su danza concéntrica.
Este es mi paraíso secreto.
La casa de nubes y cielo.
Hace mucho tiempo, huimos juntos para rodearnos de besos.
El cielo y tus ojos ardían de deseos.
Pero ahora el paisaje me sonríe a mí solo.
El manto de hierba busca solo mis huellas.
La calma, el reposo del tiempo, me llama sin estorbos.
Esta es mi casa, mi Arcadia, mi destino secreto.
Estoy sentado al borde de las rocas,
sobre el mar de mis recuerdos.
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