jueves, 27 de octubre de 2016

Distancia

Verónica busca la luna en sus noches inmensas,
plagadas de olas de aromas lejanos
surcando el cielo estrellado y, mientras,
suena la hora más larga y sombría.
Y yo, como cada mañana pálida y vacía
no encuentro ni rastro de una palabra
que me lleve de nuevo de esta celda fría
hasta el refugio de una playa perdida. 
Como cada mañana, penetro a oscuras
en el salón dormido y tenebroso,
donde la ventana está de luto
y parece negarme cualquier destino.
Busco sin remedio cualquier señal invisible,
una huella dejada por la aurora
que me confirme mis sueños febriles
y me confine en mis fantasías de sueño. 
Como cada mañana, me siento perdido
entre todas las cosas que eran mías,
y que ahora resulta que no poseía,
y me miran extrañas como si fuera un ausente.
Y Verónica recoge temprano su alma
como quién atrapa en un racimo de estrellas
todas las horas de miradas perdidas y ciegas
para guardarlas como un rubí junto al pecho. 

Y de pronto la vida galopa salvaje por tu pradera
y los rostros sonríen extraños
y la lluvia se detiene y lamenta
no haber nacido entre ambas manos. 

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