Verónica busca la luna en sus noches inmensas,
plagadas de olas de aromas lejanos
surcando el cielo estrellado y, mientras,
suena la hora más larga y sombría.
plagadas de olas de aromas lejanos
surcando el cielo estrellado y, mientras,
suena la hora más larga y sombría.
Y yo, como cada mañana pálida y vacía
no encuentro ni rastro de una palabra
que me lleve de nuevo de esta celda fría
hasta el refugio de una playa perdida.
no encuentro ni rastro de una palabra
que me lleve de nuevo de esta celda fría
hasta el refugio de una playa perdida.
Como cada mañana, penetro a oscuras
en el salón dormido y tenebroso,
donde la ventana está de luto
y parece negarme cualquier destino.
en el salón dormido y tenebroso,
donde la ventana está de luto
y parece negarme cualquier destino.
Busco sin remedio cualquier señal invisible,
una huella dejada por la aurora
que me confirme mis sueños febriles
y me confine en mis fantasías de sueño.
una huella dejada por la aurora
que me confirme mis sueños febriles
y me confine en mis fantasías de sueño.
Como cada mañana, me siento perdido
entre todas las cosas que eran mías,
y que ahora resulta que no poseía,
y me miran extrañas como si fuera un ausente.
entre todas las cosas que eran mías,
y que ahora resulta que no poseía,
y me miran extrañas como si fuera un ausente.
Y Verónica recoge temprano su alma
como quién atrapa en un racimo de estrellas
todas las horas de miradas perdidas y ciegas
para guardarlas como un rubí junto al pecho.
como quién atrapa en un racimo de estrellas
todas las horas de miradas perdidas y ciegas
para guardarlas como un rubí junto al pecho.
y los rostros sonríen extraños
y la lluvia se detiene y lamenta
no haber nacido entre ambas manos.
y la lluvia se detiene y lamenta
no haber nacido entre ambas manos.
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