jueves, 5 de enero de 2017

Hilos blancos

Hilos blancos
de finos fríos dedos
de noche, de escarcha.
El silencio gira en remolinos blancos
cargados de ausencias y miedos.
Has dejado mi hogar abierto
de par en par.
Y en cada rincón has plantado,
con tu mano,
ramos y ramos.
Hay en la brisa fuego
y hielo
y la sombra que se desliza:
el frío soplo del olvido. 

Dos gatos negros

Dos gatos negros al sol.
La tarde se agota aburrida. Triste.
Me duelen los pasos marchitos.
He dejado mi vida sembrada en las aceras.
Hacía tiempo que no presenciaba tanta soledad.
Has desaparecido un instante y eso ha bastado.
He tejido historias repetidas.
Me vuelvo y ahí está mi reflejo
desde la infancia hasta ahora, como de piedra.

La cena

Se ha hecho de noche casi sin querer.
La lluvia se ha marchado. Tan solo el viento
se resiste a dejar la noche en paz.
No es un viento de aquí, es un extraño:
cálido y lejano, como un relato de viajes.
Espero, observando la vida que se agita,
ignorándome, orgullosa de la sangre
que corre como espuma y risas en sus venas.
Os aguardo. Como sombras, vais entrando
al umbral de la realidad. Seréis carne
y voces y piel arrugada y mirada brillante
de alma que descubre la belleza
y aún es fuerte para despreciar el dolor.
Yo dejo de ser un rumor, un nombre,
hoja en blanco o el sonido de un poema.
Asisto encogido a un banquete al que he sido invitado.
Soy un privilegiado, el niño en su fiesta de cumpleaños.
Pero me ausento, me duermo y sólo veo pesadillas.
Os grito desde la orilla y estáis tan lejos...
Mi voz se rompe, como las olas contra las rocas,
en espuma que el viento desintegra en la noche.
A pesar de todo, aquí estoy,
entre compañeros heridos del mismo dolor,
sólo ella parece indemne, fuerte, a salvo.
Fuera, me espera la lluvia, que vuelve
para llenar de cristales las aceras
y recordarme que sigue siendo mi compañera.

Está llorando...

Está llorando un niño
y no hay consuelo para su llanto.
Un niño está llorando
sentado a la vera del camino.
Ve como pasa su vida
de largo, sin un reproche;
su vida que se escapa al galope
sangrando por todas las heridas. 
Ni lágrimas tiene bastantes
que los ojos le duelen de tanto
vaciarse en noches bañadas de espanto;
que sin lágrimas, llorarán sus ojos su sangre.

Un niño se está muriendo
de pena, de soledad y de pena.
Y la vida se le escapa, se eleva
en torbellinos de suspiros, al cielo. 

A ti acudo

A ti acudo buscando... ¿consuelo?,
o en busca de algo que se parezca a un amigo.
A ti, solitaria compañera esculpida de lágrimas,
volcada sobre mí para sorberme el alma.
Quisiera llenar la casa de voces.
Y pensar que he sido expulsado del ruido...
En la puerta tengo la maleta,
quisiera quemarla con todo mi mundo
que revolotea como un enjambre de vampiros
sediento de daños y lágrimas y de historias baratas
que ver crepitar a la luz de la luna en medio de la nada.
Quisiera asomarme a la ventana y verte
sola, inmensa, devorándome con la mirada,
creando tan solo caricias para mí,
riéndome, soltando el barco hasta verlo desaparecer,
cerrándome los párpados,
cosiéndome los labios.
No tengo a donde ir.
Por eso he regresado. Conozco este camino.
Aquí he venido a morir miles de veces,
continúo sin aprenderme la lección.
Espero que exista algo más grande esta vez
que no pueda deshacer entre mis manos
como espuma, arena, viento. Desencanto.

En la noche

Lanzaba un guijarro al cristal sereno,
para romper la luna en una bandada de pájaros negros.
El silencio se aprestaba a devorar el eco,
inmenso guardián del reposo del tiempo.
Y ahí estás tú, pasajera del sueño, cálida, en mi lecho.
Te miro, me aprendo el ritmo lento de tu aliento,
soy el vigía, celoso del destello del alba
que quebrará, sin remedio, el espejismo que ilumina mi cama.

Confidencias

Llegaste en silencio, como la niebla,
como una mariposa traviesa,
extraña y callada, como en huida perpetua.
Rompiendo mis anhelos al roce de tu pelo,
te fui abriendo mis aposentos,
que uno a uno llenabas sin palabras,
hasta perderme en mis propios laberintos.
Me arrastraste a tu universo ignorado,
poblado de todos los sueños,
henchido y rebosante como el alba,
discreto y recóndito refugio de mi alma.
¿Fui yo quién no supe retenerte?,
¿mi corazón no te bastaba?
Terco porfié a tu lado
buscando, insensato, la palabra odiada,
quería el castigo, buscaba mi pena,
para poder tenerte siempre en penitencia.
Fuiste mi cita de cada septiembre,
mi esperanza vana, un secreto.
Y te fui perdiendo igual que llegaste,
como una hermosa mariposa inquieta,
melancólica y dulce guardiana de mi silencio.

Mi alma

Mi alma, mi voz callada, secreta que me escucha y me conmueve y me desvela mis cicatrices de primaveras erradas. Mi niña, mi creciente p...