jueves, 5 de enero de 2017

La cena

Se ha hecho de noche casi sin querer.
La lluvia se ha marchado. Tan solo el viento
se resiste a dejar la noche en paz.
No es un viento de aquí, es un extraño:
cálido y lejano, como un relato de viajes.
Espero, observando la vida que se agita,
ignorándome, orgullosa de la sangre
que corre como espuma y risas en sus venas.
Os aguardo. Como sombras, vais entrando
al umbral de la realidad. Seréis carne
y voces y piel arrugada y mirada brillante
de alma que descubre la belleza
y aún es fuerte para despreciar el dolor.
Yo dejo de ser un rumor, un nombre,
hoja en blanco o el sonido de un poema.
Asisto encogido a un banquete al que he sido invitado.
Soy un privilegiado, el niño en su fiesta de cumpleaños.
Pero me ausento, me duermo y sólo veo pesadillas.
Os grito desde la orilla y estáis tan lejos...
Mi voz se rompe, como las olas contra las rocas,
en espuma que el viento desintegra en la noche.
A pesar de todo, aquí estoy,
entre compañeros heridos del mismo dolor,
sólo ella parece indemne, fuerte, a salvo.
Fuera, me espera la lluvia, que vuelve
para llenar de cristales las aceras
y recordarme que sigue siendo mi compañera.

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