Y caían las horas a nuestros pies,
pisoteadas, como hojas mustias,
pues todo era eterno, todo fugaz tal vez,
hasta el siguiente momento.
pisoteadas, como hojas mustias,
pues todo era eterno, todo fugaz tal vez,
hasta el siguiente momento.
Mi alma, mi voz callada, secreta que me escucha y me conmueve y me desvela mis cicatrices de primaveras erradas. Mi niña, mi creciente p...
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