jueves, 5 de enero de 2017

El filo de la navaja

Caminas por el filo de una navaja
como un equilibrista...
con el miedo pegado a la piel
y sin mirar hacia abajo.
Te balanceas como la hoja en la rama
y el viento te besa
y el viento te arranca
y ya no tienes control sobre nada. 
¡Cómo anhelas otras tardes!,
otros soles, otros campos,
olores casi olvidados
que te recuerdan que fuiste bueno.
Todos mendigamos algo,
suplicamos ser escuchados.
Tú quieres ser tu verdad
en los oídos y en los labios. 
Y cada noche, cuando otros rezan a sus dioses,
cuentas los segundos
como si alguien pudiera apiadarse de tu alma
mientras la sombra se ciñe a tus entrañas.
Llenas de objetos la casa
y tus bolsillos siempre están llenos,
pero no puedes llenar tu alma
más que de recuerdos. 

Y así transcurren las horas
y un mes gris que se muere
en el quicio de tu puerta
dejará paso al próximo invierno.

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