Campos de infancia.
Aún recuerdo. Tengo fotografías.
Todo aquello ha muerto.
El ramo en el jarrón
sembrando el suelo de color.
Y la brisa sacudiendo la cortina
como la mano del cielo,
suave, tierna, amante.
Cierro los ojos y me arrastran,
como a una balsa en el río,
cien recuerdos nerviosos
como calambres,
y las voces que juntas,
como un coro,
me llevan en brazos
a otra realidad que se muere
y me pierde y me hiere.
Tardes cálidas frente a mi inocencia,
sábados de lluvia,
de invierno, y la soledad
tejiendo su casa en mi alma
mientras se cierran las manos,
los ojos, los labios.
Han pasado años, inviernos
como lanzas, veneno
dulce y olvido y lamento.
Tardes olvidadas.
Un dibujo, la insistencia
de la lluvia en mi corazón.
Infancia perdida, nostalgia.
Manos vacías y frío en el alma.
Frío. Helando los huesos.
Y la mirada cansada, perdida.
¡Maldita esperanza!
Aún recuerdo. Tengo fotografías.
Todo aquello ha muerto.
El ramo en el jarrón
sembrando el suelo de color.
Y la brisa sacudiendo la cortina
como la mano del cielo,
suave, tierna, amante.
Cierro los ojos y me arrastran,
como a una balsa en el río,
cien recuerdos nerviosos
como calambres,
y las voces que juntas,
como un coro,
me llevan en brazos
a otra realidad que se muere
y me pierde y me hiere.
Tardes cálidas frente a mi inocencia,
sábados de lluvia,
de invierno, y la soledad
tejiendo su casa en mi alma
mientras se cierran las manos,
los ojos, los labios.
Han pasado años, inviernos
como lanzas, veneno
dulce y olvido y lamento.
Tardes olvidadas.
Un dibujo, la insistencia
de la lluvia en mi corazón.
Infancia perdida, nostalgia.
Manos vacías y frío en el alma.
Frío. Helando los huesos.
Y la mirada cansada, perdida.
¡Maldita esperanza!
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