Debería ser sensato y utilizar mi energía
en la banalidad que me rige cada día
en lugar de buscar quimeras en paraísos lejanos.
en la banalidad que me rige cada día
en lugar de buscar quimeras en paraísos lejanos.
Pero tengo en mi torpeza una extraña aliada
que me embarca tozuda en aventuras
de las que conozco de antemano todas las heridas.
Tercamente golpeo mi corazón contra las piedras
con renovado coraje
y entre tanto dolor alcanzo a veces
una gota de vida que, como extraviada,
se apiada de mis labios cuarteados
para permitirme soñar con el manantial originario.
que me embarca tozuda en aventuras
de las que conozco de antemano todas las heridas.
Tercamente golpeo mi corazón contra las piedras
con renovado coraje
y entre tanto dolor alcanzo a veces
una gota de vida que, como extraviada,
se apiada de mis labios cuarteados
para permitirme soñar con el manantial originario.
Pero qué le vamos a hacer, destino,
si tengo un alma inquieta
que se rebela contra el ritmo que señalan todas las saetas
y se entrega voraz a escuchar cualquier romance, historia o aventura
que la levante del charco en que sestea.
si tengo un alma inquieta
que se rebela contra el ritmo que señalan todas las saetas
y se entrega voraz a escuchar cualquier romance, historia o aventura
que la levante del charco en que sestea.
Mi alma es pequeñita, como el cuerpo que la alberga,
e infantil y muy ingenua.
Y tiene la manía de teñir todo cuanto la rodea
de extraños colores que ella misma se inventa.
Y luego me toca a mí lamerle las heridas,
porque la pobre no aguanta ni un asalto
y regresa siempre dolorida
y jurándome que a partir de entonces se andará con más cuidados.
¡Cómo si no la conociera!
e infantil y muy ingenua.
Y tiene la manía de teñir todo cuanto la rodea
de extraños colores que ella misma se inventa.
Y luego me toca a mí lamerle las heridas,
porque la pobre no aguanta ni un asalto
y regresa siempre dolorida
y jurándome que a partir de entonces se andará con más cuidados.
¡Cómo si no la conociera!
Pero es persuasiva y me ciega
con sus relatos escritos en el lomo de las primaveras.
Y me convence, o tal vez es que convencerme ansío,
de que a la próxima vez nos tocará a nosotros la ladera de solana,
el oasis, la playa tranquila y la noche compartida y eterna.
Y entonces me vuelvo agua, como ella,
y la dejo fluir a su antojo por versos y por praderas.
Y disfruto como un niño con su risa cascabelera
y su mirada volada hacia las cumbres y hacia las estrellas.
con sus relatos escritos en el lomo de las primaveras.
Y me convence, o tal vez es que convencerme ansío,
de que a la próxima vez nos tocará a nosotros la ladera de solana,
el oasis, la playa tranquila y la noche compartida y eterna.
Y entonces me vuelvo agua, como ella,
y la dejo fluir a su antojo por versos y por praderas.
Y disfruto como un niño con su risa cascabelera
y su mirada volada hacia las cumbres y hacia las estrellas.
¿Cómo no ver entonces en unos ojos oscuros el consuelo a todas mis penas?,
¿cómo no rendirme a cualquier tierna promesa?,
¿cómo evitar el vértigo o las noches en vela?,
¿cómo no cerrar los oídos a toda música que no sea la que me canta ella?
¿cómo no rendirme a cualquier tierna promesa?,
¿cómo evitar el vértigo o las noches en vela?,
¿cómo no cerrar los oídos a toda música que no sea la que me canta ella?
Y es entonces, perdida toda mesura y todo apego
a esta tierra que me aterra,
cuando me digo que al fin he encontrado el alma gemela,
que no puedo renunciar a nada ni cejar en la pelea,
que todo lo que he penado ha valido al fin la pena.
Porque sin ella no quiero encontrarle sentido
ni a mi vida ni a ninguna espera.
Se inflan pues todas las velas
y me yergo junto al timón decidido
a hacer frente a todas las tormentas.
a esta tierra que me aterra,
cuando me digo que al fin he encontrado el alma gemela,
que no puedo renunciar a nada ni cejar en la pelea,
que todo lo que he penado ha valido al fin la pena.
Porque sin ella no quiero encontrarle sentido
ni a mi vida ni a ninguna espera.
Se inflan pues todas las velas
y me yergo junto al timón decidido
a hacer frente a todas las tormentas.
Pero no es esta una historia feliz.
Siempre algo se me tuerce.
Cuando menos se espera salta la liebre,
dice el refrán.
Por eso me encuentro siempre frente a un papel virgen,
solo, mirando hacia la montaña que me saluda coronada de nubes,
preguntándome cuan dura será esta vez la caída del alma.
Y vienen otras noches en vela,Siempre algo se me tuerce.
Cuando menos se espera salta la liebre,
dice el refrán.
Por eso me encuentro siempre frente a un papel virgen,
solo, mirando hacia la montaña que me saluda coronada de nubes,
preguntándome cuan dura será esta vez la caída del alma.
pero ya no placenteras.
Y ríos de tinta y de sangre. Y las calaveras.
Pero sé que esto no tiene remedio porque yo nunca aprendo.
La única solución es regalar mi alma
a cualquiera que a cuidarla acceda.
Aunque una vez sin alma,
dudo que a mi cuerpo
cualquier desgracia afligirle pueda.
Pero sé que esto no tiene remedio porque yo nunca aprendo.
La única solución es regalar mi alma
a cualquiera que a cuidarla acceda.
Aunque una vez sin alma,
dudo que a mi cuerpo
cualquier desgracia afligirle pueda.
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