Lanzaba un guijarro al cristal sereno,
para romper la luna en una bandada de pájaros negros.
El silencio se aprestaba a devorar el eco,
inmenso guardián del reposo del tiempo.
Y ahí estás tú, pasajera del sueño, cálida, en mi lecho.
Te miro, me aprendo el ritmo lento de tu aliento,
soy el vigía, celoso del destello del alba
que quebrará, sin remedio, el espejismo que ilumina mi cama.
para romper la luna en una bandada de pájaros negros.
El silencio se aprestaba a devorar el eco,
inmenso guardián del reposo del tiempo.
Y ahí estás tú, pasajera del sueño, cálida, en mi lecho.
Te miro, me aprendo el ritmo lento de tu aliento,
soy el vigía, celoso del destello del alba
que quebrará, sin remedio, el espejismo que ilumina mi cama.
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